30 sept 2009

Versión de uno de los tres

   " Estuvo atada a una tabla de madera, a una de esas en las que se corta queso o se pican los ajos. Diré que estaba inconsciente para que así la perdonéis. Tras varios días, no pude soportar más la mirada de la impaciencia y le abrí los ojos. Cogí un espejo de mano y a través de él le mostré dónde se hallaba. Un suelo de baldosas grises de mármol, las paredes gruesas. El techo lucía un fluorescente arrítmico. Aguanté la risa ante su desconcierto, guardé los insultos por respeto, pero la mente humana no puede guardar el tercer pensamiento cruel y me guste o no, algo de humano tengo, o soy, no estoy seguro. La golpeé, le sentó muy mal, pero eso fue antes de descubrir que había sido víctima de abusos mucho más perennes".

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