Mi pensamiento está, desde hace unos minutos, paralizado. Es una línea, invariable en su trayectoria recta horizontal, que no emite los pitidos característicos de alguien que está aceptablemente sano. La línea reacciona al percibir un cambio en el ambiente. El golpeteo de algún objeto contra la ventana. Se provoca un pico en la línea de pensamiento y es en ese momento cuando la existencia me recuerda que en el contrato que firmé figuraba un compromiso de cuerpo presente. Los golpecitos agudos son el resultado de la piedra chocando contra el cristal. No es una manera original de llamar la atención, pero reconozco que nunca han reclamado así la mía. Estiro el cuello hacia la ventana, no me urge abrirla ni me pica demasiado la curiosidad, pero oteo en la oscuridad de la noche intentando enfocar alguna sombra que se delate. Transcurridos unos segundos me doy cuenta de lo estúpido que soy y decido buscar un claro en vez de una sombra. El diálogo entre la Estupidez y yo habría sido el siguiente:
"¿Qué haces?-preguntaría ella.
-Buscar-mascullaría yo. ¿Y tú?- Ella tardararía en contestar, así que yo me giraría. La Estupidez se habría largado de allí".
A lo que iba, busco un claro en la oscuridad y lo encuentro en forma de muchacha. Lleva un sombrero sobre unos rizos abultados, lo que proporciona a su cabeza un aspecto desproporcionadamente grande para su cuerpo lánguido y escuchimizado. Sus manos tienen el color del frío y en una de ellas sostiene una piedra, mientras que con la otra mano sujeta el bolsillo improvisado que ha construido a partir del bajo de su vestido, que a su vez contiene piedras. Ésta última acción tiene el inconveniente de dejar al decubierto su ropa interior y también deja clara la posición de mi mirada. Se da cuenta, sonríe.
Coge otra piedra, pero me adelanto y abro la ventana. Una voz aguda y maravillosa se cuela en la habitación, está tarareando... no, no mueve la boca. Intento localizar el punto de emisión, la dirección al menos, pero... o está en mi cabeza o en todas partes, eso es imposible. Fijo en ella mi mirada y me asombro de que, a pesar de que he abierto la ventana, no ha soltado la piedra. Estira el brazo, yo retrocedo unos pasos refugiándome entre las paredes, pero no pierdo el contacto visual. La verdad esque me decepciono un poco. ¿Tanto mimo para dejar caer la piedra al suelo? Vale, seguro que algo sorprendente ha ocurrido, pero no lo percibo. Ella ríe con fastidio, debe ser por mi cara de "¿y ahora qué?", así que repite la jugada con otra piedra.
25 nov 2009
17 nov 2009
Primer nudo
"No recuerda ninguno de sus sueños, ella piensa que nunca ha soñado. Jamás. Suspiró un día, envidia. Hay palabras que nunca ha utilizado, una de ellas es imaginación y otra, pesadilla. Las quiso juntar, ese fue su primer error.
En un local llamado El Desacuerdo, aseguraban resolver cualquier tipo de problema. El cartel, rojo y rosa, incluía una descripción del oficio diminuta, colocada justo debajo del nombre, invisible. Ni siquiera yo me percaté de su existencia y entré sin leerla. Por ponerle un color a la habitación desnuda a la que accedí y dado que el no-color no tiene representación real, diré que la pintaron de blanco. Era una habitación blanca. Estudié minuciosamente cada partícula de pintura, intenté diferenciar las esquinas, la línea que debería formarse al contactar la pared contra el suelo, una pista de las lámparas. Pero allí no se formaba ninguna sombra y tampoco se diferenciaba el foco de luz. El suelo era indiferenciable, pero parecía hallarme en un espacio que intuyo adoptaba la forma de un cubo.
Blanco, el no-color de los mortales.
En el mismo momento en el que me planteé la ausencia total de sonido, oí la música, un piano tocando piano. Desconecté mi percepción del tiempo a la espera de alguna novedad".
En un local llamado El Desacuerdo, aseguraban resolver cualquier tipo de problema. El cartel, rojo y rosa, incluía una descripción del oficio diminuta, colocada justo debajo del nombre, invisible. Ni siquiera yo me percaté de su existencia y entré sin leerla. Por ponerle un color a la habitación desnuda a la que accedí y dado que el no-color no tiene representación real, diré que la pintaron de blanco. Era una habitación blanca. Estudié minuciosamente cada partícula de pintura, intenté diferenciar las esquinas, la línea que debería formarse al contactar la pared contra el suelo, una pista de las lámparas. Pero allí no se formaba ninguna sombra y tampoco se diferenciaba el foco de luz. El suelo era indiferenciable, pero parecía hallarme en un espacio que intuyo adoptaba la forma de un cubo.
Blanco, el no-color de los mortales.
En el mismo momento en el que me planteé la ausencia total de sonido, oí la música, un piano tocando piano. Desconecté mi percepción del tiempo a la espera de alguna novedad".
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