Alguien está leyéndo un testimonio escrito por tres sujetos. Un mismo suceso, distintas versiones. Ninguno de los tres sabía que los otros tambien lo han escrito, y puede que uno de ellos lo descubra y tienda una trampa para que al menos uno, se vuelva loco. Pretende alterar ese escrito aprovechando que no saben que alguien más escribió sobre aquello. Que lo consiguiese o no, no es algo que tenga que decir yo.
Ella quiso sentir los sueños, la envidia la embarcó a un duro descubrimiento. Pidió soñar, pidió alcanzar la emoción del sueño, pidió personajes fantásticos, pidió que le enseñaran el miedo nocturno, pidió conocer a la muerte...pero se le olvidó algo esencial...se le olvidó pedir estar dormida cuando todo ocurriese. Así que tuvo que vivir sus sueños...
17 dic 2010
5 feb 2010
Muerte
Yo no quería actuar así. Para mí, la situación también fue nueva. ¿Desde cuando la Muerte acepta un papel en una obra de teatro?, pero la pobre infeliz quiso soñar. Su pesadilla fue mi juego erótico. Sus ojos desorbitados mi imagen favorita. Si hubiera sabido que ella no iba a morir, habría pasado de largo y me hubiera ocupado de mis asuntos. ¿Quién fue capaz de manipular a la Muerte? El día que lo descubra, morirá.
Me engañaron, aturdieron mi percepción.. soy tan...
¡Un cebo!, chantajearon mi credulidad con una suculenta pieza, como si fuera inofensivo torearme de esa forma. Pero no he podido traerla conmigo, esa es la realidad. No tengo fotografías de las espléndidas sesiones a las que le sometí. No tengo grabaciones de sus testimonios.
¿Quién me manipuló?
Me engañaron, aturdieron mi percepción.. soy tan...
¡Un cebo!, chantajearon mi credulidad con una suculenta pieza, como si fuera inofensivo torearme de esa forma. Pero no he podido traerla conmigo, esa es la realidad. No tengo fotografías de las espléndidas sesiones a las que le sometí. No tengo grabaciones de sus testimonios.
¿Quién me manipuló?
25 nov 2009
Segundo enlace
Mi pensamiento está, desde hace unos minutos, paralizado. Es una línea, invariable en su trayectoria recta horizontal, que no emite los pitidos característicos de alguien que está aceptablemente sano. La línea reacciona al percibir un cambio en el ambiente. El golpeteo de algún objeto contra la ventana. Se provoca un pico en la línea de pensamiento y es en ese momento cuando la existencia me recuerda que en el contrato que firmé figuraba un compromiso de cuerpo presente. Los golpecitos agudos son el resultado de la piedra chocando contra el cristal. No es una manera original de llamar la atención, pero reconozco que nunca han reclamado así la mía. Estiro el cuello hacia la ventana, no me urge abrirla ni me pica demasiado la curiosidad, pero oteo en la oscuridad de la noche intentando enfocar alguna sombra que se delate. Transcurridos unos segundos me doy cuenta de lo estúpido que soy y decido buscar un claro en vez de una sombra. El diálogo entre la Estupidez y yo habría sido el siguiente:
"¿Qué haces?-preguntaría ella.
-Buscar-mascullaría yo. ¿Y tú?- Ella tardararía en contestar, así que yo me giraría. La Estupidez se habría largado de allí".
A lo que iba, busco un claro en la oscuridad y lo encuentro en forma de muchacha. Lleva un sombrero sobre unos rizos abultados, lo que proporciona a su cabeza un aspecto desproporcionadamente grande para su cuerpo lánguido y escuchimizado. Sus manos tienen el color del frío y en una de ellas sostiene una piedra, mientras que con la otra mano sujeta el bolsillo improvisado que ha construido a partir del bajo de su vestido, que a su vez contiene piedras. Ésta última acción tiene el inconveniente de dejar al decubierto su ropa interior y también deja clara la posición de mi mirada. Se da cuenta, sonríe.
Coge otra piedra, pero me adelanto y abro la ventana. Una voz aguda y maravillosa se cuela en la habitación, está tarareando... no, no mueve la boca. Intento localizar el punto de emisión, la dirección al menos, pero... o está en mi cabeza o en todas partes, eso es imposible. Fijo en ella mi mirada y me asombro de que, a pesar de que he abierto la ventana, no ha soltado la piedra. Estira el brazo, yo retrocedo unos pasos refugiándome entre las paredes, pero no pierdo el contacto visual. La verdad esque me decepciono un poco. ¿Tanto mimo para dejar caer la piedra al suelo? Vale, seguro que algo sorprendente ha ocurrido, pero no lo percibo. Ella ríe con fastidio, debe ser por mi cara de "¿y ahora qué?", así que repite la jugada con otra piedra.
"¿Qué haces?-preguntaría ella.
-Buscar-mascullaría yo. ¿Y tú?- Ella tardararía en contestar, así que yo me giraría. La Estupidez se habría largado de allí".
A lo que iba, busco un claro en la oscuridad y lo encuentro en forma de muchacha. Lleva un sombrero sobre unos rizos abultados, lo que proporciona a su cabeza un aspecto desproporcionadamente grande para su cuerpo lánguido y escuchimizado. Sus manos tienen el color del frío y en una de ellas sostiene una piedra, mientras que con la otra mano sujeta el bolsillo improvisado que ha construido a partir del bajo de su vestido, que a su vez contiene piedras. Ésta última acción tiene el inconveniente de dejar al decubierto su ropa interior y también deja clara la posición de mi mirada. Se da cuenta, sonríe.
Coge otra piedra, pero me adelanto y abro la ventana. Una voz aguda y maravillosa se cuela en la habitación, está tarareando... no, no mueve la boca. Intento localizar el punto de emisión, la dirección al menos, pero... o está en mi cabeza o en todas partes, eso es imposible. Fijo en ella mi mirada y me asombro de que, a pesar de que he abierto la ventana, no ha soltado la piedra. Estira el brazo, yo retrocedo unos pasos refugiándome entre las paredes, pero no pierdo el contacto visual. La verdad esque me decepciono un poco. ¿Tanto mimo para dejar caer la piedra al suelo? Vale, seguro que algo sorprendente ha ocurrido, pero no lo percibo. Ella ríe con fastidio, debe ser por mi cara de "¿y ahora qué?", así que repite la jugada con otra piedra.
17 nov 2009
Primer nudo
"No recuerda ninguno de sus sueños, ella piensa que nunca ha soñado. Jamás. Suspiró un día, envidia. Hay palabras que nunca ha utilizado, una de ellas es imaginación y otra, pesadilla. Las quiso juntar, ese fue su primer error.
En un local llamado El Desacuerdo, aseguraban resolver cualquier tipo de problema. El cartel, rojo y rosa, incluía una descripción del oficio diminuta, colocada justo debajo del nombre, invisible. Ni siquiera yo me percaté de su existencia y entré sin leerla. Por ponerle un color a la habitación desnuda a la que accedí y dado que el no-color no tiene representación real, diré que la pintaron de blanco. Era una habitación blanca. Estudié minuciosamente cada partícula de pintura, intenté diferenciar las esquinas, la línea que debería formarse al contactar la pared contra el suelo, una pista de las lámparas. Pero allí no se formaba ninguna sombra y tampoco se diferenciaba el foco de luz. El suelo era indiferenciable, pero parecía hallarme en un espacio que intuyo adoptaba la forma de un cubo.
Blanco, el no-color de los mortales.
En el mismo momento en el que me planteé la ausencia total de sonido, oí la música, un piano tocando piano. Desconecté mi percepción del tiempo a la espera de alguna novedad".
En un local llamado El Desacuerdo, aseguraban resolver cualquier tipo de problema. El cartel, rojo y rosa, incluía una descripción del oficio diminuta, colocada justo debajo del nombre, invisible. Ni siquiera yo me percaté de su existencia y entré sin leerla. Por ponerle un color a la habitación desnuda a la que accedí y dado que el no-color no tiene representación real, diré que la pintaron de blanco. Era una habitación blanca. Estudié minuciosamente cada partícula de pintura, intenté diferenciar las esquinas, la línea que debería formarse al contactar la pared contra el suelo, una pista de las lámparas. Pero allí no se formaba ninguna sombra y tampoco se diferenciaba el foco de luz. El suelo era indiferenciable, pero parecía hallarme en un espacio que intuyo adoptaba la forma de un cubo.
Blanco, el no-color de los mortales.
En el mismo momento en el que me planteé la ausencia total de sonido, oí la música, un piano tocando piano. Desconecté mi percepción del tiempo a la espera de alguna novedad".
14 oct 2009
Parada entre versiones
Debe ser alguna hora de la madrugada, bueno, qué más da. Vaya, aquí hay un borrón, veamos. No consigo intuirlo. Mierda, ni siquiera alejándolo de mí... me limpiaré las gafas. Las manos actuan solas mientras escudriño el papel arrugado. Nada. Resoplo y me arrastro hasta el paquete de tabaco, me enciendo un cigarrillo. Me doy cuenta de que estoy bizqueando y parpadeo repetidas veces, pero la incógnita sigue ahí.
Aquí hay un borrón, veamos. No consigo entenderlo, mierda. Me rasco la oreja, enciendo una luz auxiliar, repito mentalmente la única idea que tengo, la idea dice siempre; mierda.
La saga pide más capítulos, el bolsillo me rasca la pierna, pero no puedo inventar, no debo inventar nada. Al lector le da igual, no se planteará otro posible, pero yo necesito descifrar esa mancha esparcida sobre una, dos o tres palabras. El humo colabora con la pesada densidad del aire y actúa de cortina entre el escrito, yo y la verdad.
Aquí hay un borrón, veamos. No consigo entenderlo, mierda. Me rasco la oreja, enciendo una luz auxiliar, repito mentalmente la única idea que tengo, la idea dice siempre; mierda.
La saga pide más capítulos, el bolsillo me rasca la pierna, pero no puedo inventar, no debo inventar nada. Al lector le da igual, no se planteará otro posible, pero yo necesito descifrar esa mancha esparcida sobre una, dos o tres palabras. El humo colabora con la pesada densidad del aire y actúa de cortina entre el escrito, yo y la verdad.
30 sept 2009
Versión de uno de los tres
" Estuvo atada a una tabla de madera, a una de esas en las que se corta queso o se pican los ajos. Diré que estaba inconsciente para que así la perdonéis. Tras varios días, no pude soportar más la mirada de la impaciencia y le abrí los ojos. Cogí un espejo de mano y a través de él le mostré dónde se hallaba. Un suelo de baldosas grises de mármol, las paredes gruesas. El techo lucía un fluorescente arrítmico. Aguanté la risa ante su desconcierto, guardé los insultos por respeto, pero la mente humana no puede guardar el tercer pensamiento cruel y me guste o no, algo de humano tengo, o soy, no estoy seguro. La golpeé, le sentó muy mal, pero eso fue antes de descubrir que había sido víctima de abusos mucho más perennes".
Segunda versión
"Al principio no entendí nada de lo que me estaba intentando explicar, no es de extrañar. Alguien que no hablaba, casi nunca gesticulaba y tampoco miraba a los ojos.
La primera vez que me tocó, sentí algo raro. No fue una reacción al tacto, ni a la temperatura. Mas bien fue una reacción a algo desconocido, que aún hoy desconozco y el día en que al fin pueda conocer, no me merecerá la pena, pues eso significará que la vida se me acaba.
Días después se recibir los golpes, si me retorcía sobre mi prisión de madera llegaba a vislumbrar la piel amoratada de las piernas. También de los brazos. No lo veía, pero notaba el incremento de pigmentación en mis pómulos, hora tras hora, e imaginaba el aspecto. Por mucho que quisiera no pensar en ello, era la única sensación presente en aquella cocina, a algo tenía que dedicarme y nada que no fuera mi propio sufrimiento conseguía distraer mi atención. Allí no hay demasiadas opciones.
Con el tiempo entendí el lenguaje con el que habla la luz. Paciencia y al poco tiempo pude disfrutar de las charlas que mantenía con la figura del grillo de escayola. El insecto inerte reposaba sobre una nevera de aspecto desgraciado y amarillento que daba la sensación de envidia hacia la luz. Por ponerle edad, era vieja.Había presenciado muchas cosas. Llevaba tanto tiempo estacionada en el mismo sitio que bautizaba a las pelusas que se iban formando en el espacio que, mediante unas patas insultantemente pequeñas, se formaba entre ella y el suelo. Si algún día se levanta a ese grillo del lomo de la nevera para trasladarlo a otro lugar, quedaría una sombra perfilada por motas de polvo".
La primera vez que me tocó, sentí algo raro. No fue una reacción al tacto, ni a la temperatura. Mas bien fue una reacción a algo desconocido, que aún hoy desconozco y el día en que al fin pueda conocer, no me merecerá la pena, pues eso significará que la vida se me acaba.
Días después se recibir los golpes, si me retorcía sobre mi prisión de madera llegaba a vislumbrar la piel amoratada de las piernas. También de los brazos. No lo veía, pero notaba el incremento de pigmentación en mis pómulos, hora tras hora, e imaginaba el aspecto. Por mucho que quisiera no pensar en ello, era la única sensación presente en aquella cocina, a algo tenía que dedicarme y nada que no fuera mi propio sufrimiento conseguía distraer mi atención. Allí no hay demasiadas opciones.
Con el tiempo entendí el lenguaje con el que habla la luz. Paciencia y al poco tiempo pude disfrutar de las charlas que mantenía con la figura del grillo de escayola. El insecto inerte reposaba sobre una nevera de aspecto desgraciado y amarillento que daba la sensación de envidia hacia la luz. Por ponerle edad, era vieja.
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